LOS AÑOS QUE NO VUELVEN
LOS AÑOS QUE NO VUELVEN
Memorias de un hostelero de raza
I. EL ORIGEN: VALLADOLID, LA CUNA
Nací en Valladolid. Y eso lo explica todo.
Allí aprendí que la gastronomía no es postureo, es respeto. Que un mantel bien planchado es una carta de presentación. Que el silencio en el comedor no es frío, es educación.
Trabajé en El Cardenal, uno de los restaurantes míticos de los años 80. Allí, Don Miguel de Uña —propietario entonces también del Bohío en Simancas Valladolid un complejo de restauracion único y de los famosos Bombones Uña— me enseñó el oficio.
Cubiertos de plata, vajilla inmaculada, servicio que no se ve pero se nota. Allí entendí que la elegancia es la forma más discreta de la disciplina.
Valladolid fue la cuna. Y también la escuela.
II. MARBELLA: LOS AÑOS DORADOS
Luego llegó Marbella. Y con ella, Don Eladio Coello, uno de los mejores restauradores de la Costa del Sol. Su restaurante, El Puerto, especializado en pescados y mariscos, era un templo.
Por allí pasó media España y la otra media era internacional:
- El Rey de Arabia Saudita Fahd bin Abdulaziz y Janan Harb cónyuge
- La Princesa Soraya Esfandiary
- Julio Iglesias (a quien conocí, a través del Señor Mohandi quien le vendió su mansión)
- Gunilla von Bismarck y su ex esposo Luis Ortiz
- Jesús Gil y Gil
- Ana Rosa Quintana
- Mariano Rajoy
- Lorenzo Sanz (presidente del Real Madrid)
- Y un largo etcétera que parece sueño.
Pero Don Eladio no era solo un hostelero. Era un visionario. El primer empresario español en tener negocios en Cuba, La Zona Especial de Desarrollo Mariel (ZED Mariel) es el principal proyecto de zona franca y puerto franco en Cuba. Cada 15 días, un contenedor lleno de productos españoles cruzaba el Atlántico. Él era íntimo amigo de Fidel Castro. En Cuba, lo trataban como a un dios y no podía ser menos. Porque mientras otros dudaban, él enviaba esperanza en forma de aceite, vino y conservas.
Don Eladio era de Zamora. Y los zamoranos son de fiar.
III. LA ZAGALETA: UN BENTLEY Y UN MANDIL
Un día, un cliente noruego —habitual del restaurante— me dio las llaves de su Bentley blanco. Me pidió que llevara a su mujer a casa. Ella vivía en La Zagaleta, la urbanización más exclusiva de Europa.
Yo acababa de salir del trabajo. Llevaba el mandil marrón puesto. No me dio tiempo a cambiarme.
Me senté al volante. Ella, a mi lado. Atravesamos las verjas de La Zagaleta: seguridad, mansiones imposibles, jardines perfectos. Todo en silencio.
Luego volví al restaurante. Seguí sirviendo mesas. Pero aquel paseo en Bentley, con mandil y todo, no lo olvido nunca. Fue un guiño del destino. Y tengo la foto para demostrarlo.
IV. EL MANGALETA Y LOS FARRUCOS
En aquellos años también conocí a Don Manuel Baena, del Chiringuito El Mangaleta en la Urbanización Bahía de Marbella. Un personaje enorme.
El Mangaleta era el punto de encuentro entre el flamenco más hondo y la Marbella más salvaje. Yo servía, observaba, aprendía. Allí también vi pasar la historia.
V. LA FIESTA DE ROCA
Manuel Baena era íntimo amigo de Juan Antonio Roca y también Maite Zaldivar. Y por eso, cuando llegó el cumpleaños de su mujer, María José Jimeno la celebración fue en su finca. La misma que años después veríamos en todos los telediarios cuando se la expropiaron.
Allí estábamos: Ramón Mesa, La Pesquera, Manuel Baena El Mangaleta, y yo. Sirviendo, observando, sin saber que estábamos dentro de una página de la historia de Marbella. Todo era impresionante: el lujo, el ambiente, la sensación de estar en un lugar único. Luego vino lo que vino. Pero aquella noche... aquella noche fue inolvidable.
Y lo que vi dentro, eso me lo guardo.
VI. EL OFICIO: LO QUE YA NO HAY
Antes:
- Te premiaban por un trabajo bien hecho. Sobresueldos de verdad, en la mano, con una sonrisa.
- El cliente te miraba a los ojos.
- La propina se daba en secreto, con gratitud.
- El camarero era un señor, no un figurante.
Ahora:
- El datáfono pide propina por ti.
- Los camareros pasan sin mirarte.
- Los dueños no quieren saber. Prefieren ahorrar.
- Los restaurantes están huecos. Por mucho que brillen, les falta alma.
Ni las estrellas Michelin se salvan. Demasiado frío todo. Lo único cálido son los precios.
VII. LO QUE IMPORTABA DE VERDAD
Al final, da igual los nombres, los lugares, los coches. Lo único que queda es si fuiste de verdad. Si miraste a los ojos. Si cumpliste tu palabra. Si doblaste la servilleta como había que doblarla.
Yo he servido a reyes, a presidentes, a millonarios. He conducido Bentleys y entrado en La Zagaleta. He visto cosas que ni el cine se atreve a contar.
Pero lo que me define es el mandil. Y lo que hice con él.
Y cuando cierro los ojos, no veo famosos. Veo un lechazo en horno de leña, un Vega Sicilia del 75, un queso zamorano de pasta dura, y el silencio justo para disfrutarlo.
Eso es lo que no vuelve.
🕯️ EPÍLOGO
Esto no es un currículum. Esto es un testamento de lo que fuimos. De lo que ya no hay. De los años que no vuelven.
Pero mientras alguien lo cuente, no se habrá ido del todo.
Y yo lo cuento.
🕯️ CON CARIÑO A:
1. Mi queridísimo hermano
El mejor profesor que he tenido, el mejor empresario que he conocido, y la persona que más huella ha dejado en mi vida. Sin él, nada de esto habría sido posible.
Te llevo siempre, hermano.
2. Don Miguel de Uña
Dueño de los míticos Bombones Uña y propietario del Bohío, Simancas de Valladolid. Mentor, amigo, maestro. Para mí, fue un segundo padre. De él aprendí que la hostelería no es un oficio, es una forma de estar en el mundo.
Gracias por todo, Don Miguel.
3. Don Eladio Coello
Un hombre increíblemente genial. Empresario visionario, hostelero de leyenda, amigo de Fidel Castro y pionero en Cuba. Trabajar a su lado fue un privilegio. Conocerle, un regalo.
Don Eladio, usted fue grande entre los grandes.
Y a todos los que, de una manera u otra, hicisteis que los años que no vuelven merecieran la pena.
José Ricardo
R&G Gastroblog · Torremolinos, 2026
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